La Caída: Karla Souza nos cuenta sobre su nueva película de abuso sexual


La Caída no es la típica película en la que esperamos ver a Karla Souza, pero es un proyecto con toques personales que planeó durante más de una década y que pudo tomar forma gracias a su valentía y a la de las decenas de personas que se atrevieron a compartir sus propias historias para crearla.

La película, dirigida por la argentina Lucía Puenzo, cuenta la historia de Mariel, una clavadista profesional que tiene una nueva oportunidad de conseguir una medalla en los Juegos Olímpicos, pero su mundo comienza a quebrarse cuando llega una nueva competidora y revela un caso de abuso sexual dentro del equipo, forzando a Mariel a lidiar con una situación que la ha marcado durante gran parte de su vida.

Es una historia real del tipo de abuso que se puede dar en el mundo del deporte, que nos habla sobre lo que estamos dispuestos a ignorar o a permitir, como sociedad, con tal de tener una victoria, y el efecto destructivo que esto puede tener en todos los involucrados, como si se tratara de la primera pieza en una fila de piezas de dominó que solo necesitaban un empujón para caer.

Es una película (que llega el 11 de noviembre a Amazon Prime) realista que busca levantar un espejo ante la sociedad, no solo para demostrar una realidad que se vive en muchos aspectos, sino para hablar, como dice Souza, sobre cómo se vive un abuso, cómo se procesa y cómo se puede llegar a romper el silencio.

“Hay muchas sociedades de silencio que están puestas y no solo en el mundo del deporte, queríamos contar algo universal a través de un solo personaje, y para mi era muy importante mostrar el momento que se vive antes de poder nombrar y concientizar lo que le sucedió”, cuenta Souza. “A mi me interesaba que la gente viera el proceso, porque creo que no entienden el proceso que conlleva, que es algo que se ha normalizado, este tipo de abuso de poder es algo que ya tenemos y queríamos retratar por medio de los clavadistas mexicanos”.

La Caída, en palabras de su protagonista y directora

La Caída no es una, sino muchas historias reales, que tomó forma con la ayuda de atletas mexicanos que vivieron situaciones similares. “Los clavadistas mexicanos nos compartieron de manera muy valiente y generosa sus historias, así que sentimos una responsabilidad de honrar lo que nos contaron”, dice la actriz y productora.

Lucía Puenzo, quien dirige la película comenta que es importante reconocer que estos abusos siguen ocurriendo, pero esta historia sucede en el 2004, cuando el mundo era otro y los movimientos como Me Too todavía no existían. “Hace muy poco el mundo era otro, esto es previo a los pañuelos verdes y alzar la voz en una sociedad de silencio, en esos años, era triplemente valiente, y eso es lo que cuenta esta película”, dice.

Souza y Puenzo hicieron una gran mancuerna para contar una historia con la que muchos pueden sentirse conectados, teniendo que luchar contra los “no se puede” para convertirla en realidad, e incluso llevando los mismos entrenamientos de los clavadistas olímpicos para que Mariel, la protagonista, se viera realista y pudiera mostrar la realidad de los atletas de nuestro país.

Sobre el reto físico y el desafío emocional:

“Esta mujer tardó 10 años en poder filmar esta película, con un empuje que pocas veces he visto, y pasó 3 años entrenando como clavadista. Karla se tira de 10 metros e hizo locuras que los productores y directores teníamos miedo y la teníamos que frenar porque estaba dispuesta a todo”, cuenta Puenzo

“Lucía quería retratar también el reto físico, porque yo le enseñé que en los entrenamientos hay todo tipo de lesiones y moretones. La primera vez que yo fui a u entrenamiento veía que se ponían hielo en la espalda y no entendía, hasta la primera vez que me tiré y sentí el jalón en la espalda y de verdad entiendo y respeto el sacrificio que hacen estos atletas, porque su vida es eso, viven en la alberca y en el entrenamiento, y eso queríamos retratar, por eso Mariel siempre está con el pelo mojado, su piel huele a cloro y todo esto lo pudimos entender gracias a los clavadistas, que nos agradecieron a nosotros el poder visibilizar este tema, que se muestran las injusticias que ellos viven en la sociedad en México, ante la realidad de abuso de poder en el deporte”, revela Souza.

Sobre la historia de abuso y la posibilidad de encontrar la salida

Mariel, el personaje de Souza, se topa con una nueva clavadista, una adolescente que experimenta un hecho terrible, pero que se convierte, según cuenta la actriz, en un espejo por medio del cual es posible encontrar una salida y romper el silencio.

Souza dice que “Mariel logra ver su realidad a través de Nadia. Sin Nadie ella no había visto lo que le sucedió y Lucía hizo un gran trabajo al crear una estructura donde los personajes son arquetipos que representan muchas cosas en la sociedad, tenemos a la mamá que pelea por su hija, tenemos a la mamá que se convierte en una puerta cerrada y muchos otros arquetipos, y lo que hicimos fue humanizar y crear personajes de carne y hueso para que Nadie fuera un espejo para Mariel”.

Por su parte, Puenzo revela que “Muchas veces la salida del laberinto del abuso es a través de otra, salvando a otra es que nos podemos salvar a nosotras mismas. Muchas veces es colectivo, las cosas se hacen de a dos, no se sale sola y es por eso que se necesita ese espejo”.

Además, Souza quería mostrar qué es lo que lleva a las víctimas a guardar silencio y a encontrar la manera de finalmente poder hablar, cosa que en la película demuestra a través de distintos personajes. “La mayoría de las veces las puertas están cerradas y por eso no hablan o no ven lo que les sucede como un abuso, así que tuvimos que marcar muy bien ese guion dónde se abre la ventana para que Mariel pueda ver lo que le sucedió y que su cuerpo iba cargando. El cuerpo sabe lo que vivió y es algo que ella no había asimilado”, dice.

“La gente piensa que es algo fácil, pero para estas clavadistas es su vida entera y para el que sea o la que sea que se atreva a nombrarlo, son muchas cosas las que entran en juego. Yo me di cuenta hace 4 años que la gente no tenía idea de todas estas cosas que están en juego cuando una persona decide alzar la voz, y todo lo que cuesta. La pregunta es cómo podemos hacer, como sociedad, que estas cosas nos sean tan dolorosas y que no se llegue a  revictimizar a las sobrevivientes, que podamos ayudar a cambiar eso”, continúa.

Para Puenzo, es cuestión de valentía, en especial cuando romper el silencio puede tener consecuencias que no solo afectan a las víctimas, sino a todos a su alrededor. “Otra valentía de alzar la voz es que no solo está en juego la vida de el o la clavadista, sino la de su familia y de su equipo, así que no es solo la responsabilidad de sanarse a uno mismo, sino que se carga con el sueño de un equipo, así que hay que entender la valentía que hay que tener para poder plantear algo que va a ser un cimbronazo en toda la red de estas mujeres y hombres”. dice

Sobre crear el proyecto y no aceptar un no como respuesta:

“Para mí era vida o muerte dignificar el camino de una sobreviviente y por eso era tan importante para mí que esto saliera bien, era mi catarsis, mi sanación, mi forma de honrar todas estas historias, así que para mí no había un no se puede. Cada vez que escuchaba un no, yo veía cómo me escapaba, iba hacia el frente porque estas personas lo hicieron antes del Me Too y tuvieron el coraje y el valor, así que como no lo iba a tener yo. La diferencia es que ahora entré a una comunidad mucho más grande y cuando no estás sola, esto se vuelve más posible”.

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